¿Qué pasa cuando la frescura de la ilusión se mide ante el desconcierto de un grande en crisis? ¿Qué pasa cuando se enfrenta una de las máximas sorpresas de esta Copa del Mundo contra una de las grandes decepciones? Tal vez, lo más lógico: un empate. Una igualdad que sigue sin despertar a Cabo Verde de su dulce sueño mundialista; un 2-2 que no hunde a Uruguay, es cierto, pero sí lo deja con más preguntas que respuestas. Y que lo obliga a mantener los ojos abiertos hasta el último minuto en esta apasionante definición del Grupo H.

Por lo anteriormente dicho, incluso cuesta detectar cuál de ambos equipos despierta mayor interés y curiosidad entre los espectadores. Porque lo de Cabo Verde no lo esperaba ni el más ingenuo cazador de utopías: el segundo país más chico -territorialmente- en jugar una Copa del Mundo, en su primera participación, con jugadores con más hambre que chapa y, para colmo, en el temible “Grupo de la Muerte”.

Ya jugó contra los dos “cucos” de la zona. ¿Hasta ahora? Invicto, con dos empates y con la ilusión intacta de avanzar a 16avos de final al menos como uno de los mejores terceros. Quién iba a pensarlo.

Del otro lado, la selección uruguaya de Marcelo Bielsa, que hasta ahora, pese a no haber perdido aún, sí ha decepcionado. Porque a la “Celeste” le está ocurriendo algo que no le habíamos visto en los últimos Mundiales: no sabemos muy bien quién es, a qué juega, cuál es su identidad. Parece haberse quedado en el medio de la transición entre aquel equipo caracterizado por la “garra charrúa” y el estilo dinámico, agresivo y propositivo propio de la impronta del “Loco”. Hoy, no es una cosa ni la otra. Y ya queda poco margen de error.

El partido

Vibrante. Eléctrico. Cambiante. Impredecible. Cualquiera de estos cuatro adjetivos le calza bien a lo que fue el desarrollo de una de las mejores presentaciones de esta fase de grupos. Porque pasó de todo: hubo equivocaciones, es cierto, pero también fútbol, narrativa, ocasiones de gol, una enorme voluntad de ambos equipos por ganar y, sobre todo, goles, que no dejan de ser amores y que tanto despiertan la pasión por este deporte.

¡Qué golazo hizo Kevin Lenini de tiro libre para abrir el marcador! Hubo complicidad de esa barrera rival, una marea celeste que se abrió como si el jugador africano fuese Moisés y que permitió que la pelota pasara justo por el medio de los defensores. Pero la decisión fue ambiciosa y la ejecución tan precisa como potente. Se clavó en el ángulo izquierdo, abajo de Fernando Muslera, que poco pudo hacer ante el mal comportamiento de su defensa.

Si Cabo Verde soñaba despierto, Uruguay vivía una pesadilla. Inconexo, ansioso, impreciso. El fútbol, al final del primer tiempo, era mucho más anímico que táctico. Se necesitaba un baldazo de agua fría para cambiar el rumbo. Bueno, hubo dos.

En una ráfaga antes del entretiempo, Maximiliano Araújo lo empató de arremetida tras un rebote fortuito; luego Agustín Canobbio puso en ventaja a los uruguayos. Un desahogo puramente anímico para dar vuelta el marcador, aunque las formas futbolísticas seguían lejos de estar en orden.

Pero en el complemento, otra vez, entre la defensa celeste y Muslera cometieron un blooper que Cabo Verde cambió por gol: un 2-2 al que se aferró con uñas y dientes hasta el final del partido. Lo pudo haber ganado cualquiera, es cierto. Pero la sorpresa y la decepción parecían destinadas a cerrar el duelo en equilibrio. Y así fue.

Atención Selección

Estos resultados sorpresivos pueden vivirse con diversión y hasta cierta inocencia por cualquier fanático neutral, pero el argentino debe seguirlos de cerca. Porque de esta zona saldrá el rival en 16avos de final para el equipo de Lionel Scaloni, en caso de que todo marche bien y el campeón se clasifique sin mayores inconvenientes en su grupo.

Lo lógico indica que Argentina se clasifique como primera (casi que lo garantizaría con un triunfo esta tarde contra Austria), por lo que el cruce quedará emparejado contra el segundo de la zona que ocupan España, Uruguay, Cabo Verde y Arabia Saudita. Todo está parejísimo y cualquiera podría ocupar ese segundo lugar. Pero todo se definirá en el cierre.

Porque Uruguay y España chocarán en el duelo estelar de esta zona. Si la “Roja” se impone, esquiva a Argentina. Uruguay lo hará también en caso de hacer lo propio. Quien no consiga los tres puntos cruzará los dedos y mirará de reojo el partido entre Cabo Verde y Arabia Saudita, ambos aún en pelea. Cualquiera de los cuatro puede ser rival de la Selección en 16avos.

Lo cierto es que, hasta el momento, el Grupo H, el “Grupo de la Muerte”, volvió a demostrar que la Copa del Mundo siempre tiene guardada alguna sorpresa. Y, como se han dado las cosas, no será extraño imaginar que nada saldrá como lo esperado cuando la pelota termine de rodar en esta zona.